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El rey-niño, el macedonio, el emperador de Persia y el faraón de Egipto. El Hegèmon, gobernante indiscutible del Empyraeum. El Hijo del Dragón.

 

Alejandro; no ha existido un general como él ni antes ni después; como mortal, tenía una habilidad sobrenatural para saber exactamente dónde tenían que estar sus tropas para lograr la victoria. Sus estrategias y tácticas eran lo más brillantes tanto que parecían divinamente inspirados.   

Ganó batallas cuando enfrento a ejércitos enemigos sumamente más numerosos y ganó definitivamente. Inspiró tal lealtad de sus hombres que en las pocas ocasiones en que cayó en la batalla, sus hombres pelearían aun más fuerte para sacarle del campo y vengarle después. En Gaza, cuando fue gravemente herido por una lanza de balista, su ejército enfurecido irrumpió en la ciudad como demonios, masacrando a todos que no huyeron, solo para recuperar a su cuerpo. Como no, el sobrevivió como siempre lo ha hecho.

Sin embargo, aunque ha sido conocido por su brutalidad e inquebrantables tácticas en la batalla (no olvidemos las atrocidades de Tiro), su clemencia y honor con los vencidos fue algo sorprendente en un mundo donde no fue común tal comportamiento.

Dejó a funcionarios competentes en sus puestos mientras eliminaba a los corruptos, no impuso su religión, cultura ni idioma en las tierras que conquistó, y recompensó generosamente a quienes le hubieron opuesto valientemente y con honor, en defensa de su hogar. “Si luchan así por lo que creen que es justo, lucharan mejor para lo que realmente lo es.” dijo él.

 

Tal liderazgo, carisma, valentía y honor lo convirtieron en la elección ideal para el plan de la dragona. Ella vio la escala de su visión y se dio cuenta de que coincidía, tal vez incluso excedía, la de ella.

También ella salvó la vida de Alejandro porque, después de la muerte de Hephaeston, había estado yendo por un camino de lo cual regresan muy pocos. Un camino que Alejandro recorrió una vez más cuando Jeshua ben Josue murió en Jerusalén. 

 

De Hephaeston, se dice que se recuperó rápidamente, pero no de Jeshua porque no se lo ha visto desde aquel día.